Alt de les Fonts: la Terres dels Alforins contada parcela a parcela

Hay proyectos que empiezan en una bodega, otros en un mercado y otros en un paisaje. Alt de les Fonts es de los últimos. Nace en Terres dels Alforins, una comarca de interior y altitud donde sobreviven algunos de los viñedos más viejos de la zona, y su punto de partida no es una marca ni una moda, sino un lugar y la voluntad de contarlo bien.

Al frente está el enólogo Jorge Caus Pertegaz, que firma el proyecto para la Cooperativa La Viña. La combinación no es casual. Una cooperativa es, por definición, un mapa humano del territorio: decenas de viticultores, cada uno con sus cepas, sus laderas y su manera de trabajar. Lo que propone Alt de les Fonts es dar a ese mapa la precisión de un plano, y hacerlo sin perder la vinculación con la gente que lo cultiva.

La idea de fondo es sencilla de enunciar y exigente de ejecutar: leer el territorio por escalas. Primero la parcela, después el paraje, luego el pueblo y, por último, la colaboración. Cada escala responde a una pregunta distinta. De qué viña viene este vino, de qué rincón de la sierra, de qué municipio, y qué pasa cuando otras manos y otras miradas se suman al proyecto. El resultado es que cada botella cuenta con precisión su origen, algo que el aficionado agradece cada vez más y que, en una zona de viñedo viejo, es también una forma de ponerlo en valor.

La primera selección reúne cinco vinos que recorren esas escalas. Hay un Monastrell y Malvasía que procede de viñedos de 70 años en la ladera norte del Alt de la Silla. Hay un Forcallà centenario, que crece sobre suelos de canto rodado en la Serra de l’Ombria, una variedad y un paisaje que cuesta encontrar en la carta de cualquier otra región. Hay dos vinos de pueblo, Fontanals y Fontixol, que retratan Fontanars dels Alforins y la Font de la Figuera, dos localidades de la comarca que se leen aquí como se leen los municipios en las grandes zonas de viñedo, con su identidad propia. Y hay una colaboración, NatCool, con Dirk Niepoort y Javi Revert, que une en un mismo ensamblaje viñedos de llanura y de sierra.

Ese último vino es quizá el que mejor resume el espíritu del proyecto. Reunir en una sola botella la llanura y la sierra es reconocer que el territorio no es uniforme y que de esa diferencia nace buena parte de su interés. Y que lo haga con la participación de Dirk Niepoort y Javi Revert, dos nombres que el aficionado asocia a una manera de entender el vino desde el respeto por el viñedo, dice mucho de la ambición de la propuesta.

Para el consumidor, la lectura es clara. Detrás de cada etiqueta hay un lugar concreto, no una promesa genérica. Quien quiera entender qué es la Terres dels Alforins puede hacerlo por escalones: empezar por una parcela vieja, subir a un paraje de sierra, descubrir cómo suenan dos pueblos vecinos y terminar en un ensamblaje que mezcla altitudes. Es una forma de aprender la comarca bebiéndola.

¡Compartir es vivir!

Hay proyectos que empiezan en una bodega, otros en un mercado y otros en un paisaje. Alt de les Fonts es de los últimos. Nace en Terres dels Alforins, una comarca de interior y altitud donde sobreviven algunos de los viñedos más viejos de la zona, y su punto de partida no es una marca ni una moda, sino un lugar y la voluntad de contarlo bien.

Al frente está el enólogo Jorge Caus Pertegaz, que firma el proyecto para la Cooperativa La Viña. La combinación no es casual. Una cooperativa es, por definición, un mapa humano del territorio: decenas de viticultores, cada uno con sus cepas, sus laderas y su manera de trabajar. Lo que propone Alt de les Fonts es dar a ese mapa la precisión de un plano, y hacerlo sin perder la vinculación con la gente que lo cultiva.

La idea de fondo es sencilla de enunciar y exigente de ejecutar: leer el territorio por escalas. Primero la parcela, después el paraje, luego el pueblo y, por último, la colaboración. Cada escala responde a una pregunta distinta. De qué viña viene este vino, de qué rincón de la sierra, de qué municipio, y qué pasa cuando otras manos y otras miradas se suman al proyecto. El resultado es que cada botella cuenta con precisión su origen, algo que el aficionado agradece cada vez más y que, en una zona de viñedo viejo, es también una forma de ponerlo en valor.

La primera selección reúne cinco vinos que recorren esas escalas. Hay un Monastrell y Malvasía que procede de viñedos de 70 años en la ladera norte del Alt de la Silla. Hay un Forcallà centenario, que crece sobre suelos de canto rodado en la Serra de l’Ombria, una variedad y un paisaje que cuesta encontrar en la carta de cualquier otra región. Hay dos vinos de pueblo, Fontanals y Fontixol, que retratan Fontanars dels Alforins y la Font de la Figuera, dos localidades de la comarca que se leen aquí como se leen los municipios en las grandes zonas de viñedo, con su identidad propia. Y hay una colaboración, NatCool, con Dirk Niepoort y Javi Revert, que une en un mismo ensamblaje viñedos de llanura y de sierra.

Ese último vino es quizá el que mejor resume el espíritu del proyecto. Reunir en una sola botella la llanura y la sierra es reconocer que el territorio no es uniforme y que de esa diferencia nace buena parte de su interés. Y que lo haga con la participación de Dirk Niepoort y Javi Revert, dos nombres que el aficionado asocia a una manera de entender el vino desde el respeto por el viñedo, dice mucho de la ambición de la propuesta.

Para el consumidor, la lectura es clara. Detrás de cada etiqueta hay un lugar concreto, no una promesa genérica. Quien quiera entender qué es la Terres dels Alforins puede hacerlo por escalones: empezar por una parcela vieja, subir a un paraje de sierra, descubrir cómo suenan dos pueblos vecinos y terminar en un ensamblaje que mezcla altitudes. Es una forma de aprender la comarca bebiéndola.

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