El León Bar, de Valencia

  • Valencia

  • Plaza Redonda 7

  • 960 052 945

  • De lunes a domingo de 11 a 23. Cocina ininterrumpida.

Sobrevivir al estigma

David Blay

Existe una generación cuyo recuerdo de la Plaza Redonda se liga inevitablemente al cambio de cromos de fútbol. La liturgia de entrar en un espacio singular junto al centro dejaba paso de inmediato a la adrenalina de buscar los jugadores que podrían completar tu álbum. Y, de paso, interaccionar con niños y niñas de edades similares a la tuya.

Nunca, o al menos no en el imaginario colectivo local reciente, se ha asociado a referencias gastronómicas. Se conocían, sí, locales donde tomar unas tapas. Pero, a día de hoy, sigue siendo sin duda uno de los espacios menos transitados por gente autóctona. Aun a sabiendas de que haríamos cola para entrar si se ubicara en otra ciudad.

Local histórico

Más de un siglo, sin embargo, lleva ubicado en el número 7 (no de la Calle Melancolía, como cantaba Sabina, pero casi) El León Bar. Primero como comercio de ropa, curiosamente, destinada a la hostelería. Y desde hace algo más de una década apostando por lo culinario, con la tercera generación de la familia al frente de la cocina y de nuevo el binomio cada vez más habitual de encontrar a su pareja en la sala.

Podría, a simple vista, suponerse que estamos ante una propuesta exclusiva para foráneos: cocina ininterrumpida desde las 11 de la mañana, mesas en la terraza, carta enfocada a las tapas (con arroces disponibles, por cierto) y una bodega comedida. Pero va mucho más allá de lo esperado. Y, sin darse importancia, genera una experiencia poco común en la zona.

Patatas bravas

Llama la atención que en los tiempos actuales, con el incremento de costes y la posibilidad de aprovechar la zona turística para insertar precios altos, no lo hagan. Tienen, e hecho, menús a compartir que van desde los 24,50 a los 30 euros por persona., Y todos ellos proveen de un surtido de platos con los que el comensal acaba más que satisfecho.

No faltan, por razones obvias, reclamos habituales para todas las nacionalidades. Se refleja en las patatas bravas, el surtido de croquetas de diversos sabores e ingredientes o la posibilidad de degustar tablas de jamón y queso. Pero no olvidemos que se autodenominan como bar de tapas. Y lo defienden con mucha honra. Porque pareciera que hoy día la tradición española se considerara un tema menor.

Calamarcito con ajoblanco

Y no lo es cuando giras un poco más la cabeza hacia la cocina y su apuesta de producto. Todo adquirido del cercanísimo Mercado Central. Y reflejado en algunos platos sabrosos, muy bien elaborados y en ocasiones hasta delicados. Como el calamarcito, en su punto, con ajoblanco. Los buñuelos de bacalao. O el montadito de longaniza a las finas hierbas con mostaza, tomate, cebolla y pimientos de padrón.

La amabilidad del personal completa una experiencia con un desenlace inesperado, por no ubicarse en las listas oficiales: un cremaet sublime, que rompe el estigma (junto con todo lo anterior) de que en el centro histórico de Valencia es difícil disfrutar de algo auténtico.

Montadito

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