
Revitalizar el carrer dels Cavallers
Vicent Marco
Cocina italiana de primer nivel, mucha brasa y una decoración digna del mismísimo Papa: esta es la carta de presentación de Cónclave. Llamado a convertirse en referente del buen gusto en el Carmen.
Antonia y Vincenzo ya no son nuevos en la ciudad. Hace un par de años que estos napolitanos abrieron Casa d’Aragona para enamorar con sus pizzas mientras se enamoraban, aún más, de Valencia. En este tiempo se han ido convirtiendo en referentes de la cocina italiana en mayúsculas, con platos tradicionales perfectamente ejecutados por el calabrés Filippo Spagnolo y pizzas contemporáneas que respetan la tradición napolitana, al mismo tiempo que dejan espacio a la innovación con algunas mezclas atrevidas, y premiadas, que no dejan a nadie indiferente.
Ahora, fruto de su incesante amor, han decidido abrir, en la puerta de enfrente, un nuevo restaurante que continúe con su idea de excelencia. El local, situado en Cavallers nº 10, es uno de esos antiguos edificios de vigas de madera, paredes de piedra, techos altísimos y mucha historia a sus espaldas. El anterior restaurante que allí se ubicaba, un peruano llamado Simalú, decidió, como tantos otros, tapar el pasado con decoración «made in China». Como bien es conocido en el sector, «es mucho más fácil tapar que restaurar», que se lo digan a José Miralles y Hugo Cerverón, que lo han sufrido en todos sus proyectos llenos de costosas restauraciones. Por eso mismo, Antonia y Vincenzo, dos enamorados de la estética, la historia, la artesanía y las cosas hechas con alma, querían devolver el esplendor a esa céntrica esquina carmelera.

De ahí viene que, «a pesar de que más de 150 personas habían preguntado por el local, los propietarios nos eligieron a nosotros. Querían a alguien que cuidara el espacio y lo restaurara como hicimos con Casa d’Aragona». Por ello, a pesar de que no era su prioridad expandirse tan pronto, no pudieron dejar pasar la oportunidad de meterse en el lío de reformar, decorar, pensar y abrir un nuevo negocio frente a su primer local. De nuevo, con el estudio Pontdefusta y Carlos Pinazo haciendo posible su idea de recuperar los materiales nobles y respetar la identidad del local, a la vez que se transforma en un restaurante funcional. Además, en este caso, artesanos locales se han involucrado en la decoración, como Javier Pastor, Luke Carter o Laura Losada. «Hemos contado con artistas valencianos para las vidrieras, las esculturas, los frescos de las paredes y la herrería, que ha llenado de animales, todos con un significado especial, los rincones del local».
Ahora bien, el concepto no podía ser el mismo. En este caso apuestan por la brasa, que ocupa una parte central del local y ahuma y cocina la mayoría de sus platos. Como esos espaguetis cacio e pepe aderezados con el sabor ahumado del marabú, que apuntan a convertirse en el plato estrella del local. Sin olvidarnos de unas croquetas de pollo asado que entran directas a jugar en la liga de las grandes croquetas de la ciudad. Carne a la brasa, entrantes con productos italianos, como el jamón de cinta senese, y unos postres innovadores que llevan el sello de su chef, el joven italo-ecuatoriano Andrés Sangucho. Bien acompañado en la parrilla, «una Ferrari hecha a medida para el local», como la bautiza Antonia, por el experimentado venezolano Ramón López.

Una bodega llena de grandes vinos, velas que alumbran muros centenarios en cada rincón, detalles que invitan a la charla, la pausa y las deliberaciones. En Cónclave, Antonia y Vincenzo han querido continuar con su idea de «devolver el esplendor a la Calle Caballeros», donde otros restaurantes, como Borgia, se suman a esta tendencia de ofrecer calidad, calidez y excelencia. Por desgracia, siguen conviviendo con otros locales que solo buscan hacer dinero a costa del turista desprevenido. Pero de todo esto, mejor reflexionar a la luz trémula y la parpadeante de las espelmas, mientras se celebra un cónclave en el nuevo enclave de la calle más noble de la Valencia medieval.

Revitalizar el carrer dels Cavallers
Vicent Marco
Cocina italiana de primer nivel, mucha brasa y una decoración digna del mismísimo Papa: esta es la carta de presentación de Cónclave. Llamado a convertirse en referente del buen gusto en el Carmen.
Antonia y Vincenzo ya no son nuevos en la ciudad. Hace un par de años que estos napolitanos abrieron Casa d’Aragona para enamorar con sus pizzas mientras se enamoraban, aún más, de Valencia. En este tiempo se han ido convirtiendo en referentes de la cocina italiana en mayúsculas, con platos tradicionales perfectamente ejecutados por el calabrés Filippo Spagnolo y pizzas contemporáneas que respetan la tradición napolitana, al mismo tiempo que dejan espacio a la innovación con algunas mezclas atrevidas, y premiadas, que no dejan a nadie indiferente.
Ahora, fruto de su incesante amor, han decidido abrir, en la puerta de enfrente, un nuevo restaurante que continúe con su idea de excelencia. El local, situado en Cavallers nº 10, es uno de esos antiguos edificios de vigas de madera, paredes de piedra, techos altísimos y mucha historia a sus espaldas. El anterior restaurante que allí se ubicaba, un peruano llamado Simalú, decidió, como tantos otros, tapar el pasado con decoración «made in China». Como bien es conocido en el sector, «es mucho más fácil tapar que restaurar», que se lo digan a José Miralles y Hugo Cerverón, que lo han sufrido en todos sus proyectos llenos de costosas restauraciones. Por eso mismo, Antonia y Vincenzo, dos enamorados de la estética, la historia, la artesanía y las cosas hechas con alma, querían devolver el esplendor a esa céntrica esquina carmelera.

De ahí viene que, «a pesar de que más de 150 personas habían preguntado por el local, los propietarios nos eligieron a nosotros. Querían a alguien que cuidara el espacio y lo restaurara como hicimos con Casa d’Aragona». Por ello, a pesar de que no era su prioridad expandirse tan pronto, no pudieron dejar pasar la oportunidad de meterse en el lío de reformar, decorar, pensar y abrir un nuevo negocio frente a su primer local. De nuevo, con el estudio Pontdefusta y Carlos Pinazo haciendo posible su idea de recuperar los materiales nobles y respetar la identidad del local, a la vez que se transforma en un restaurante funcional. Además, en este caso, artesanos locales se han involucrado en la decoración, como Javier Pastor, Luke Carter o Laura Losada. «Hemos contado con artistas valencianos para las vidrieras, las esculturas, los frescos de las paredes y la herrería, que ha llenado de animales, todos con un significado especial, los rincones del local».
Ahora bien, el concepto no podía ser el mismo. En este caso apuestan por la brasa, que ocupa una parte central del local y ahuma y cocina la mayoría de sus platos. Como esos espaguetis cacio e pepe aderezados con el sabor ahumado del marabú, que apuntan a convertirse en el plato estrella del local. Sin olvidarnos de unas croquetas de pollo asado que entran directas a jugar en la liga de las grandes croquetas de la ciudad. Carne a la brasa, entrantes con productos italianos, como el jamón de cinta senese, y unos postres innovadores que llevan el sello de su chef, el joven italo-ecuatoriano Andrés Sangucho. Bien acompañado en la parrilla, «una Ferrari hecha a medida para el local», como la bautiza Antonia, por el experimentado venezolano Ramón López.

Una bodega llena de grandes vinos, velas que alumbran muros centenarios en cada rincón, detalles que invitan a la charla, la pausa y las deliberaciones. En Cónclave, Antonia y Vincenzo han querido continuar con su idea de «devolver el esplendor a la Calle Caballeros», donde otros restaurantes, como Borgia, se suman a esta tendencia de ofrecer calidad, calidez y excelencia. Por desgracia, siguen conviviendo con otros locales que solo buscan hacer dinero a costa del turista desprevenido. Pero de todo esto, mejor reflexionar a la luz trémula y la parpadeante de las espelmas, mientras se celebra un cónclave en el nuevo enclave de la calle más noble de la Valencia medieval.


