Gutiérrez de la Vega y Las Añadas presentan Príncipe de Salinas 2024, un vino blanco nacido de una colaboración marcada por la amistad, la libertad creativa y el deseo de interpretar el Mediterráneo desde dos variedades tradicionales: la Merseguera y la Moscatel.
La idea surgió a partir de una conversación entre Pablo Bacete y Violeta Gutiérrez de la Vega. «Cuando Pablo me comentó que le haría ilusión hacer un vino en colaboración con nosotros, desde el primer momento me imaginé exactamente este vino», explica Violeta. El resultado es una elaboración de producción muy limitada, de apenas 592 botellas, que busca expresar frescura, paisaje y disfrute.
Príncipe de Salinas 2024 procede de viñedos situados en Xaló, en la Marina Alta, al norte de Alicante, a unos 200 metros de altitud. Las cepas, con edades comprendidas entre los 30 y los 50 años, están formadas en vaso y cultivadas en régimen de secano, con trabajo manual y selección en vendimia. El vino combina a partes iguales Merseguera y Moscatel, dos variedades blancas profundamente vinculadas al territorio.
Para Violeta, la elección de las uvas y de los suelos era clave. La Moscatel aporta una parte fragante, evocadora y mediterránea, mientras que la Merseguera suma una acidez precisa, amable y refrescante. «Una parte de Moscatel fragante como una noche de verano, y una de Merseguera con la acidez nada mordaz y justa, como una primavera temprana», resume la elaboradora.
El viñedo se asienta sobre suelos arcillo-calcáreos, ricos en óxido de hierro, junto a margas calcáreas y tierras más blancas. Esa combinación permite construir un vino con fruta, tensión y un punto salino que refuerza su vocación mediterránea.
La vendimia se realizó el 26 de agosto de 2024, buscando un estadio de fruta fresca. La uva se recogió manualmente en cajas de 15 kilos. Una vez en bodega, la Moscatel permaneció dos días con sus pieles, mientras que la Merseguera se prensó directamente. Posteriormente, ambas variedades fermentaron juntas en depósitos de acero inoxidable. La crianza se llevó a cabo durante seis meses en inox con las lías más finas.
En copa, Príncipe de Salinas 2024 muestra un color amarillo claro. En nariz aparecen aromas de frutas blancas, anís y melocotón fresco. En boca ofrece un paso ligero, un final largo y refrescante, y una salinidad que invita a seguir bebiendo.
Más allá de la ficha técnica, el vino nace con una intención emocional clara: ser un blanco para el disfrute, para compartir sin solemnidad y para acompañar esos momentos en los que el paisaje, la compañía y la copa forman parte de la misma escena. «Un vino blanco para esos momentos en los que quieres tener la mente en blanco y, junto a familia o amigos, gozar de un atardecer de verano o de la ligera brisa de la primavera con una copa entre las manos», apunta Violeta Gutiérrez de la Vega.


