Cuando la física cuántica se sirve en copa

En Gaianes, a los pies del Benicadell, hay una bodega que mira al paisaje con la misma curiosidad con la que la ciencia observa el universo. Celler Quàntic nace de una idea poco habitual y, precisamente por eso, fascinante: hacer vino inspirado en la física cuántica, sin renunciar al respeto por la tradición, la naturaleza y el trabajo artesanal.

El proyecto, impulsado por Juan Fuster Verd, José Ignacio Latorre, Artur Konrad Ekert y Jordi Miguel Pérez, no se entiende solo como una iniciativa enológica, sino como una forma de pensar el vino desde la precisión, la paciencia y la relación íntima entre conocimiento y territorio. La propia bodega resume su filosofía en una mezcla de ciencia, memoria y compromiso con el medio rural.

La historia de Celler Quàntic arranca en 2002, cuando Juan e Ignacio coincidieron en la organización de la primera edición española de la Escuela de Física de Altas Energías. De aquellos días de debate, aprendizaje y convivencia surgió no solo una amistad intelectual, sino también una convicción compartida: el conocimiento debía ser universal, y el vino podía convertirse en otra forma de exploración.

Lo que empezó como una producción para autoconsumo fue creciendo con el apoyo de familias, amigos y colaboradores, hasta dar lugar a una bodega profesional. En ese recorrido, el proyecto fue adoptando nombres vinculados al imaginario científico —Elipse, Higgs, Top, Charm, Partículas Elementales— hasta consolidar una identidad propia en torno al concepto de lo cuántico.

La bodega está ubicada en un edificio con siglos de historia, donde antes ya se elaboraban vino y aceite de oliva. Sus depósitos de hormigón, con más de cien años, siguen teniendo un papel central en la fermentación, enlazando la herencia material del lugar con una mirada contemporánea sobre la elaboración.

Las uvas proceden de viñedos situados en Agres, Alcosser de Planes, Beniarrés y Cocentaina, en un entorno montañoso que define buena parte del carácter del proyecto. El paisaje del Comtat, con su diversidad de altitudes y su clima de interior, aporta una lectura muy concreta del territorio: vinos de raíz local, marcados por el entorno.


En Celler Quàntic la ciencia no está solo en el discurso; también forma parte de la estética y del relato visual. El vino h-bar se presenta con una etiqueta que incluye la constante de Planck y un guiño a la paradoja del gato de Schrödinger, una manera de trasladar al consumidor la mezcla de rigor, humor y profundidad conceptual que definen al proyecto

¡Compartir es vivir!

En Gaianes, a los pies del Benicadell, hay una bodega que mira al paisaje con la misma curiosidad con la que la ciencia observa el universo. Celler Quàntic nace de una idea poco habitual y, precisamente por eso, fascinante: hacer vino inspirado en la física cuántica, sin renunciar al respeto por la tradición, la naturaleza y el trabajo artesanal.

El proyecto, impulsado por Juan Fuster Verd, José Ignacio Latorre, Artur Konrad Ekert y Jordi Miguel Pérez, no se entiende solo como una iniciativa enológica, sino como una forma de pensar el vino desde la precisión, la paciencia y la relación íntima entre conocimiento y territorio. La propia bodega resume su filosofía en una mezcla de ciencia, memoria y compromiso con el medio rural.

La historia de Celler Quàntic arranca en 2002, cuando Juan e Ignacio coincidieron en la organización de la primera edición española de la Escuela de Física de Altas Energías. De aquellos días de debate, aprendizaje y convivencia surgió no solo una amistad intelectual, sino también una convicción compartida: el conocimiento debía ser universal, y el vino podía convertirse en otra forma de exploración.

Lo que empezó como una producción para autoconsumo fue creciendo con el apoyo de familias, amigos y colaboradores, hasta dar lugar a una bodega profesional. En ese recorrido, el proyecto fue adoptando nombres vinculados al imaginario científico —Elipse, Higgs, Top, Charm, Partículas Elementales— hasta consolidar una identidad propia en torno al concepto de lo cuántico.

La bodega está ubicada en un edificio con siglos de historia, donde antes ya se elaboraban vino y aceite de oliva. Sus depósitos de hormigón, con más de cien años, siguen teniendo un papel central en la fermentación, enlazando la herencia material del lugar con una mirada contemporánea sobre la elaboración.

Las uvas proceden de viñedos situados en Agres, Alcosser de Planes, Beniarrés y Cocentaina, en un entorno montañoso que define buena parte del carácter del proyecto. El paisaje del Comtat, con su diversidad de altitudes y su clima de interior, aporta una lectura muy concreta del territorio: vinos de raíz local, marcados por el entorno.


En Celler Quàntic la ciencia no está solo en el discurso; también forma parte de la estética y del relato visual. El vino h-bar se presenta con una etiqueta que incluye la constante de Planck y un guiño a la paradoja del gato de Schrödinger, una manera de trasladar al consumidor la mezcla de rigor, humor y profundidad conceptual que definen al proyecto

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