PROAVA ha participado en el primer Salón de Variedades Rescatadas, celebrado en el Espacio Madrazo de Madrid, con una propuesta colectiva que reivindica el patrimonio vitícola de la Comunitat Valenciana y el trabajo de las bodegas comprometidas con la recuperación de variedades tradicionales. Bajo el lema «Comunitat Valenciana: raíces vivas, variedades con futuro», la asociación ha presentado nueve vinos que muestran la diversidad genética y enológica del territorio, desde el Alto Palancia castellonense hasta Requena, Moixent y La Font de la Figuera.
La representación ha reunido a Celler del Roure, Cooperativa de Viver, Bodegas Novos, Bodegas Vibe y Bodegas Arráez. Novos y Vibe han acudido con sus propios representantes, mientras que PROAVA ha presentado los vinos del resto de bodegas y actuado como plataforma conjunta de promoción ante los profesionales del sector.
Celler del Roure ha mostrado Les Danses, un espumoso ancestral de Mandó que refleja la versatilidad y elegancia de esta variedad tradicional. La Cooperativa de Viver ha aportado, desde el Alto Palancia, dos vinos de su proyecto Ochenta y Siete Cubos, elaborados con Morenillo y Pampolat, variedades minoritarias recuperadas. Bodegas Novos ha presentado Royal de Novos Rosé, un rosado elaborado solo con Royal (Rojal). Bodegas Vibe ha llevado Parsimonia Tardana, un blanco de una variedad característica de Requena-Utiel, conocida por su maduración especialmente tardía. La selección se ha completado con cuatro propuestas de Bodegas Arráez: Los Arráez Arcos, Forcallat Brisat, Verdil Brisa 1 (2024) y Verdil 2023.
Mandó, Morenillo, Pampolat, Royal, Tardana, Arcos, Forcallat y Verdil son exponentes de un patrimonio que durante décadas permaneció en segundo plano y que hoy recupera protagonismo gracias a viticultores, cooperativas y bodegas. Para Rosa Vázquez, directora general de PROAVA, «recuperar nuestras variedades es conservar nuestra identidad. Darles futuro es convertir ese patrimonio en una oportunidad para nuestros productores, nuestros paisajes y las próximas generaciones».
En un contexto de cambio climático, evolución de los hábitos de consumo y creciente búsqueda de vinos singulares, las variedades minoritarias son un recurso de interés para investigar nuevas vías de adaptación y ampliar la diversidad de perfiles enológicos. Además, estos proyectos ayudan a preservar el paisaje agrícola, mantener viva la cultura vitivinícola de los territorios rurales y generar valor añadido para sus productores.
PROAVA ha participado en el primer Salón de Variedades Rescatadas, celebrado en el Espacio Madrazo de Madrid, con una propuesta colectiva que reivindica el patrimonio vitícola de la Comunitat Valenciana y el trabajo de las bodegas comprometidas con la recuperación de variedades tradicionales. Bajo el lema «Comunitat Valenciana: raíces vivas, variedades con futuro», la asociación ha presentado nueve vinos que muestran la diversidad genética y enológica del territorio, desde el Alto Palancia castellonense hasta Requena, Moixent y La Font de la Figuera.
La representación ha reunido a Celler del Roure, Cooperativa de Viver, Bodegas Novos, Bodegas Vibe y Bodegas Arráez. Novos y Vibe han acudido con sus propios representantes, mientras que PROAVA ha presentado los vinos del resto de bodegas y actuado como plataforma conjunta de promoción ante los profesionales del sector.
Celler del Roure ha mostrado Les Danses, un espumoso ancestral de Mandó que refleja la versatilidad y elegancia de esta variedad tradicional. La Cooperativa de Viver ha aportado, desde el Alto Palancia, dos vinos de su proyecto Ochenta y Siete Cubos, elaborados con Morenillo y Pampolat, variedades minoritarias recuperadas. Bodegas Novos ha presentado Royal de Novos Rosé, un rosado elaborado solo con Royal (Rojal). Bodegas Vibe ha llevado Parsimonia Tardana, un blanco de una variedad característica de Requena-Utiel, conocida por su maduración especialmente tardía. La selección se ha completado con cuatro propuestas de Bodegas Arráez: Los Arráez Arcos, Forcallat Brisat, Verdil Brisa 1 (2024) y Verdil 2023.
Mandó, Morenillo, Pampolat, Royal, Tardana, Arcos, Forcallat y Verdil son exponentes de un patrimonio que durante décadas permaneció en segundo plano y que hoy recupera protagonismo gracias a viticultores, cooperativas y bodegas. Para Rosa Vázquez, directora general de PROAVA, «recuperar nuestras variedades es conservar nuestra identidad. Darles futuro es convertir ese patrimonio en una oportunidad para nuestros productores, nuestros paisajes y las próximas generaciones».
En un contexto de cambio climático, evolución de los hábitos de consumo y creciente búsqueda de vinos singulares, las variedades minoritarias son un recurso de interés para investigar nuevas vías de adaptación y ampliar la diversidad de perfiles enológicos. Además, estos proyectos ayudan a preservar el paisaje agrícola, mantener viva la cultura vitivinícola de los territorios rurales y generar valor añadido para sus productores.


