El campo valenciano prueba nuevas variedades de arroz: del Carnaroli al Campanar

La Albufera de Valencia, la zona arrocera más antigua y con más peso del Mediterráneo occidental, vive esta campaña un movimiento poco habitual: junto a Bomba, Senia o JSendra, empiezan a abrirse paso variedades que hasta hace poco eran testimoniales en sus campos.

Dos nombres concentran ese cambio, el Carnaroli, símbolo del risotto italiano, y el Campanar, que gana terreno como sustituto del JSendra. Dos apuestas muy distintas entre sí, pero que responden a una misma pregunta, cómo dar salida a un campo arrocero sometido a una presión creciente.

Arroz Tartana ha cultivado por primera vez Carnaroli en la Albufera, una variedad pensada para arroces melosos y caldosos y considerada idónea para el mejor risotto italiano. La semilla procede de Vercelli, en uno de los semilleros más importantes del Piamonte, y su llegada a los campos valencianos es el resultado de más de un año de investigación para encontrar el Carnaroli que mejor se adaptara al clima y al terreno del Parque Natural de la Albufera, además de superar comparativas de cocina frente al Carnaroli original, una variedad prácticamente en desuso.

El grano cosechado este mes de septiembre destaca por su textura, su buena mordida, su capacidad para absorber sabores, su punto cremoso en boca y su tamaño, que viste bien cualquier elaboración. Para Javier Matoses se trata de un arroz «gourmet», cultivado en parcelas más pequeñas y con un precio superior al habitual, pero que ni es mayoritario ni se emplea en la mayoría de las recetas tradicionales.

En cocina, esa valoración se traduce ya en usos concretos. Carles López, del restaurante Al Grano, explica que el Carnaroli «lo usamos para el arroz al horno y para los melosos.Aguanta muy bien la cocción. Se queda bastante hinchado y muy sabroso».

Si el Carnaroli representa la apuesta por la diferenciación, el Campanar responde a una necesidad más práctica en el campo. Según Matoses, esta variedad se trata como arroz redondo y ha copado ya el 80% de la superficie plantada este año en Sueca y Cullera, con un precio que este año se sitúa por debajo de los 50 céntimos. Su principal ventaja está en el manejo, permite tratar las malas hierbas con un producto eficaz y apenas pierde cosecha en el proceso.

Carles López confirma que se trata de la primera campaña en la que el Campanar se cultiva en la Albufera: «es un hijo del J. Sendra, por lo que debería responder en cocina de manera muy similar. Yo aún no lo uso, pero voy a probarlo este año».

Desde el campo, la mirada es más matizada. César Alepuz, de Arroz La Perla, resume así su experiencia con las dos variedades: «el Carnaroli no lo veo claro, es un arroz para un consumo normal. Suele ser caro y lo que se cultiva es muy puntual. El Campanar lo hemos plantado este año para limpiar los campos, pero el precio va a ser irrisorio. Es el que ha sustituido en mucha superficie al JSendra. Nosotros seguimos plantando Albufera y Bomba, pero los dos están muy afectados por los hongos y el cucat. El arroz Campanar no es la solución en mi caso, porque es un arroz en el que predomina la cotización y es muy baja».

Este movimiento hacia nuevas variedades no se entiende sin el contexto de la campaña actual. Los arroceros de AVA-ASAJA alertan de una temporada crítica que amenaza el futuro del arroz y de la propia Albufera, con previsiones de precios a la baja, un incremento sostenido de los costes de producción y un descontrol de plagas, agravado por la falta de alternativas eficaces tras la prohibición de determinadas materias activas.

En ese escenario, el Campanar aparece como una respuesta agronómica inmediata para limpiar campos afectados por hongos y plagas, aunque su rentabilidad económica sea, según los propios agricultores, muy limitada. El Carnaroli, por su parte, representa la otra cara del mismo problema, la búsqueda de valor añadido y diferenciación en un mercado invadido por arroces de importación sin garantías contrastadas.

¡Compartir es vivir!

La Albufera de Valencia, la zona arrocera más antigua y con más peso del Mediterráneo occidental, vive esta campaña un movimiento poco habitual: junto a Bomba, Senia o JSendra, empiezan a abrirse paso variedades que hasta hace poco eran testimoniales en sus campos.

Dos nombres concentran ese cambio, el Carnaroli, símbolo del risotto italiano, y el Campanar, que gana terreno como sustituto del JSendra. Dos apuestas muy distintas entre sí, pero que responden a una misma pregunta, cómo dar salida a un campo arrocero sometido a una presión creciente.

Arroz Tartana ha cultivado por primera vez Carnaroli en la Albufera, una variedad pensada para arroces melosos y caldosos y considerada idónea para el mejor risotto italiano. La semilla procede de Vercelli, en uno de los semilleros más importantes del Piamonte, y su llegada a los campos valencianos es el resultado de más de un año de investigación para encontrar el Carnaroli que mejor se adaptara al clima y al terreno del Parque Natural de la Albufera, además de superar comparativas de cocina frente al Carnaroli original, una variedad prácticamente en desuso.

El grano cosechado este mes de septiembre destaca por su textura, su buena mordida, su capacidad para absorber sabores, su punto cremoso en boca y su tamaño, que viste bien cualquier elaboración. Para Javier Matoses se trata de un arroz «gourmet», cultivado en parcelas más pequeñas y con un precio superior al habitual, pero que ni es mayoritario ni se emplea en la mayoría de las recetas tradicionales.

En cocina, esa valoración se traduce ya en usos concretos. Carles López, del restaurante Al Grano, explica que el Carnaroli «lo usamos para el arroz al horno y para los melosos.Aguanta muy bien la cocción. Se queda bastante hinchado y muy sabroso».

Si el Carnaroli representa la apuesta por la diferenciación, el Campanar responde a una necesidad más práctica en el campo. Según Matoses, esta variedad se trata como arroz redondo y ha copado ya el 80% de la superficie plantada este año en Sueca y Cullera, con un precio que este año se sitúa por debajo de los 50 céntimos. Su principal ventaja está en el manejo, permite tratar las malas hierbas con un producto eficaz y apenas pierde cosecha en el proceso.

Carles López confirma que se trata de la primera campaña en la que el Campanar se cultiva en la Albufera: «es un hijo del J. Sendra, por lo que debería responder en cocina de manera muy similar. Yo aún no lo uso, pero voy a probarlo este año».

Desde el campo, la mirada es más matizada. César Alepuz, de Arroz La Perla, resume así su experiencia con las dos variedades: «el Carnaroli no lo veo claro, es un arroz para un consumo normal. Suele ser caro y lo que se cultiva es muy puntual. El Campanar lo hemos plantado este año para limpiar los campos, pero el precio va a ser irrisorio. Es el que ha sustituido en mucha superficie al JSendra. Nosotros seguimos plantando Albufera y Bomba, pero los dos están muy afectados por los hongos y el cucat. El arroz Campanar no es la solución en mi caso, porque es un arroz en el que predomina la cotización y es muy baja».

Este movimiento hacia nuevas variedades no se entiende sin el contexto de la campaña actual. Los arroceros de AVA-ASAJA alertan de una temporada crítica que amenaza el futuro del arroz y de la propia Albufera, con previsiones de precios a la baja, un incremento sostenido de los costes de producción y un descontrol de plagas, agravado por la falta de alternativas eficaces tras la prohibición de determinadas materias activas.

En ese escenario, el Campanar aparece como una respuesta agronómica inmediata para limpiar campos afectados por hongos y plagas, aunque su rentabilidad económica sea, según los propios agricultores, muy limitada. El Carnaroli, por su parte, representa la otra cara del mismo problema, la búsqueda de valor añadido y diferenciación en un mercado invadido por arroces de importación sin garantías contrastadas.

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