El arrozal valenciano afronta la que muchos agricultores describen ya como la campaña más dura de su historia reciente. El gasóleo agrícola se ha encarecido hasta duplicarse, el hongo de la pyricularia devoró buena parte de la cosecha del año pasado y una plaga conocida como el «cucat» amenaza con reducir aún más el rendimiento de este año.
A todo ello se suma la entrada creciente de arroz procedente de países como Myanmar o Camboya, y la que se espera a partir de Uruguay, Paraguay y Argentina tras la aprobación del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, que está hundiendo el precio en origen.
Hablamos con Javier Matoses, arrocero valenciano cuya explotación se encuadra en el entorno del Parque Natural de la Albufera, para entender de primera mano la situación del sector y lo que hay en juego: no solo la renta de cientos de familias, sino el futuro de uno de los humedales más importantes de España.
¿Cómo describirías la situación de los arroceros valencianos en esta campaña?
Está en una situación de extrema gravedad, como en general la de toda la agricultura valenciana, pero de los arroceros es lo que yo conozco de primera mano. Este año se han duplicado el coste del gasóleo y de los fertilizantes, y a eso se le suman restricciones cada vez mayores, plagas y una competencia exterior que juega con reglas completamente distintas a las nuestras. Es, con diferencia, la siembra más cara de la historia.

Hablemos de números. ¿Cuánto ha subido exactamente el gasóleo?
Nosotros en gasóleo gastamos mucho, depende de la explotación, pero cuando tengo dos tractores trabajando a la vez cada uno consume entre 200 y 250 litros al día, así que entre los dos son 400 o 500 litros diarios. Y el precio se ha disparado: ahora mismo el gasóleo agrícola está a 1,57 euros el litro, cuando en un año normal estamos entre los 0,86 y los 0,92 euros. Eso es una barbaridad. Y a eso hay que sumar la subida de los fertilizantes que este año ha pasado de 540€ /tonelada a 950€ , esto supone duplicar dos de los costes más destacados de la actividad, y el precio de venta del arroz en caída libre de los 67 céntimos/Kilo de hace 4 años a 50 céntimos/kilo en la última campaña y este año no se prevé mejor la cosa ni mucho menos.
Cada vez menos herramientas para defender la cosecha
Cada vez se prohíben más materias activas que nos permitían luchar contra las malas hierbas. Eso implica tener que contratar a gente para que vaya a mano a quitarlas, con la ruina que eso supone en costes de mano de obra.
El año pasado hablasteis mucho de la pyricularia. ¿Qué supuso para vuestra cosecha?
La piricularia es un hongo que aparece y prolifera mucho más con humedad y calor, y el clima de los últimos años en Valencia ha generado el escenario perfecto para la expansión de la plaga. El año pasado tuvimos unas pérdidas enormes de entre el 25% y el 45% de una cosecha normal : yo recogí casi 250.000 kilos menos que el año anterior, en la misma explotación. Y lo peor es que los fungicidas que hacían efecto contra la pyricularia están prohibidos y los únicos que hay en disponibles en el mercado son caros y prácticamente no hacen ningún efecto: el hongo ha creado resistencias y ya no funcionan. No hay dinero del mundo que pueda combatir eso. Así que si entra la pyricularia en un campo, no puedes hacer nada más que mirar cómo se reduce muy considerablemente la cosecha.
Además de las plagas, mencionas la competencia del arroz importado. ¿Cómo os afecta el acuerdo con Mercosur?
El tema de las importaciones de arroz de Myanmar y Camboya es de hace ya unos años, pero ahora, con la aprobación del acuerdo de Mercosur, ya está viniendo arroz de Uruguay, Paraguay y Argentina( 214.000 toneladas el pasado año). Existen unas supuestas cláusulas de salvaguarda, pero solo se activan cuando se superan un número de toneladas importadas, momento en el que se aplican unos mínimos aranceles. El problema es que, para cuando eso ocurre, el mercado ya está completamente arruinado: entra tal cantidad de arroz que el precio queda totalmente desvirtuado, y ya es imposible competir.
¿Por qué es tan difícil competir con ese arroz de fuera?
Porque entra sin ningún tipo de control real. Ellos pueden usar todo lo que aquí tenemos prohibido: fungicidas, pesticidas, insecticidas, herbicidas… lo que sea, reduciendo mucho los costes que supone hacer una cosecha. El control en frontera es de apenas un 0,2% de lo que llega, así que imagínate qué posibilidad real hay de controlar eso a nivel alimentario. En Europa se nos prohíbe de forma muy restrictiva prácticamente todo tratamiento, pero de fuera puede entrar cualquier producto tratado con cualquier materia activa, sin que pase nada. Eso genera una desventaja competitiva brutal. Y no hablemos ya de los salarios: en Myanmar pagan unos 4-5 euros al día por trabajador, y aquí nosotros pagamos entre 130 y 140 euros, con seguridad social y todo lo demás.
¿Y el relevo generacional? ¿Hay jóvenes que quieran seguir cultivando arroz?
Ese es otro problema muy acuciante: la gente joven no quiere ir al campo, y cada vez la edad media es más alta. La Comunidad Valenciana lidera esa estadística a nivel nacional: creo que la edad media de los agricultores valencianos está en 56 años.
¿La Denominación de Origen es la única garantía?
Ante todo esto, la única salvación real sería que la gente se concienciara para comprar arroz con Denominación de Origen. El arroz D.O. es la única manera de garantizar que ese arroz está cultivado en el entorno del Parque Natural de la Albufera y no es una mezcla con arroz importado.
¿Hasta qué punto está lastrando el precio esa entrada masiva de arroz de importación?
La semana pasada hablé con un productor sevillano y ahora mismo en Sevilla hay almacenados unos 15 millones de kilos de la cosecha del año pasado que la industria no compra a ningún precio. Los molinos no lo compran porque, puesto en el puerto de Valencia, les sale más barato comprar el arroz de fuera. Además, los puertos bonifican para que los barcos compitan entre ellos por atraerlos, y el puerto de Valencia bonifica para que lleguen ahí, así que a los molinos les sale mucho más a cuenta el arroz de importación. Y como tienen arroz acumulado de aquí y de fuera, al final te ponen el precio que quieren: si lo quieres, bien, y si no, directamente no te lo compran.

Y a todo esto se suma, este año, una plaga nueva: el «cucat». ¿En qué consiste?
Sí, y ha sido el remate final de la campaña. El cucat es un insecto, un gusanito que inverna en los campos y que en primavera sale y se reproduce. Para combatirlo existe un sistema de dispositivos, las llamadas «baretes», que instala una empresa a la que la Consellería de agricultura le da la concesión. Pero este año, o los han puesto tarde, o los han puesto mal, o han puesto menos de los que tocaban, y el resultado ha sido una proliferación exagerada del cucat. Es un gusano que se come por dentro la espiga y el tallo, y las deja completamente blancas y fallidas: por dentro no hay arroz. La afección depende de cada campo, no es igual para todos: yo tengo campos con una afección del 60% y otros del 20%. Pero en el total de kilos de la cosecha, eso se va a notar muchísimo. Es la campaña más cara de la historia, con los abonos y el gasóleo por las nubes, y encima con esto.
¿Qué le estáis pidiendo a la Consellería ante esta plaga?
Le hemos pedido que revise el tema, ya que ese tratamiento se gestiona a través de Sanidad Vegetal y es responsabilidad suya. La semana que viene tengo previsto reunirme, junto con algunos técnicos y gente del sector, con la empresa instaladora, para ver qué ha pasado exactamente. Pero para esta campaña ya no hay solución posible: lo que le pedimos a la Consellería es que habilite un fondo específico de compensación para las pérdidas y la merma de kilos que va a generar el cucat, que, según el campo, pueden ir del 20% hasta el 60%.
Más allá de lo económico, ¿qué está en juego si los arroceros acabáis dejando de cultivar?
Si dejamos de hacer arroz los arroceros valencianos, la Albufera se resiente gravísimamente. El parque natural está compuesto en un 70% por arrozales, y el arroz actúa como un filtro verde del agua. Sin arroz sembrado, esos campos quedarían llenos de broza y malas hierbas, lo que generaría plagas de insectos, de serpientes, ratas y garrapatas. De hecho, este año ya se ha reactivado el problema de las garrapatas y el mal de la rata: en ese sentido ya ha habido ocho o nueve casos de personas con fallos multiorgánicos en el hospital La Fe de València por entrar en contacto la piel ( alguna heridas) con el orín de la rata que queda estancada en el agua de los arrozales y que en algunos casos puede llegar a ser mortal. Si desaparecen los arrozales que hacen de filtro verde, sería una muerte prácticamente instantánea para la Albufera.
El arrozal valenciano afronta la que muchos agricultores describen ya como la campaña más dura de su historia reciente. El gasóleo agrícola se ha encarecido hasta duplicarse, el hongo de la pyricularia devoró buena parte de la cosecha del año pasado y una plaga conocida como el «cucat» amenaza con reducir aún más el rendimiento de este año.
A todo ello se suma la entrada creciente de arroz procedente de países como Myanmar o Camboya, y la que se espera a partir de Uruguay, Paraguay y Argentina tras la aprobación del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, que está hundiendo el precio en origen.
Hablamos con Javier Matoses, arrocero valenciano cuya explotación se encuadra en el entorno del Parque Natural de la Albufera, para entender de primera mano la situación del sector y lo que hay en juego: no solo la renta de cientos de familias, sino el futuro de uno de los humedales más importantes de España.
¿Cómo describirías la situación de los arroceros valencianos en esta campaña?
Está en una situación de extrema gravedad, como en general la de toda la agricultura valenciana, pero de los arroceros es lo que yo conozco de primera mano. Este año se han duplicado el coste del gasóleo y de los fertilizantes, y a eso se le suman restricciones cada vez mayores, plagas y una competencia exterior que juega con reglas completamente distintas a las nuestras. Es, con diferencia, la siembra más cara de la historia.

Hablemos de números. ¿Cuánto ha subido exactamente el gasóleo?
Nosotros en gasóleo gastamos mucho, depende de la explotación, pero cuando tengo dos tractores trabajando a la vez cada uno consume entre 200 y 250 litros al día, así que entre los dos son 400 o 500 litros diarios. Y el precio se ha disparado: ahora mismo el gasóleo agrícola está a 1,57 euros el litro, cuando en un año normal estamos entre los 0,86 y los 0,92 euros. Eso es una barbaridad. Y a eso hay que sumar la subida de los fertilizantes que este año ha pasado de 540€ /tonelada a 950€ , esto supone duplicar dos de los costes más destacados de la actividad, y el precio de venta del arroz en caída libre de los 67 céntimos/Kilo de hace 4 años a 50 céntimos/kilo en la última campaña y este año no se prevé mejor la cosa ni mucho menos.
Cada vez menos herramientas para defender la cosecha
Cada vez se prohíben más materias activas que nos permitían luchar contra las malas hierbas. Eso implica tener que contratar a gente para que vaya a mano a quitarlas, con la ruina que eso supone en costes de mano de obra.
El año pasado hablasteis mucho de la pyricularia. ¿Qué supuso para vuestra cosecha?
La piricularia es un hongo que aparece y prolifera mucho más con humedad y calor, y el clima de los últimos años en Valencia ha generado el escenario perfecto para la expansión de la plaga. El año pasado tuvimos unas pérdidas enormes de entre el 25% y el 45% de una cosecha normal : yo recogí casi 250.000 kilos menos que el año anterior, en la misma explotación. Y lo peor es que los fungicidas que hacían efecto contra la pyricularia están prohibidos y los únicos que hay en disponibles en el mercado son caros y prácticamente no hacen ningún efecto: el hongo ha creado resistencias y ya no funcionan. No hay dinero del mundo que pueda combatir eso. Así que si entra la pyricularia en un campo, no puedes hacer nada más que mirar cómo se reduce muy considerablemente la cosecha.
Además de las plagas, mencionas la competencia del arroz importado. ¿Cómo os afecta el acuerdo con Mercosur?
El tema de las importaciones de arroz de Myanmar y Camboya es de hace ya unos años, pero ahora, con la aprobación del acuerdo de Mercosur, ya está viniendo arroz de Uruguay, Paraguay y Argentina( 214.000 toneladas el pasado año). Existen unas supuestas cláusulas de salvaguarda, pero solo se activan cuando se superan un número de toneladas importadas, momento en el que se aplican unos mínimos aranceles. El problema es que, para cuando eso ocurre, el mercado ya está completamente arruinado: entra tal cantidad de arroz que el precio queda totalmente desvirtuado, y ya es imposible competir.
¿Por qué es tan difícil competir con ese arroz de fuera?
Porque entra sin ningún tipo de control real. Ellos pueden usar todo lo que aquí tenemos prohibido: fungicidas, pesticidas, insecticidas, herbicidas… lo que sea, reduciendo mucho los costes que supone hacer una cosecha. El control en frontera es de apenas un 0,2% de lo que llega, así que imagínate qué posibilidad real hay de controlar eso a nivel alimentario. En Europa se nos prohíbe de forma muy restrictiva prácticamente todo tratamiento, pero de fuera puede entrar cualquier producto tratado con cualquier materia activa, sin que pase nada. Eso genera una desventaja competitiva brutal. Y no hablemos ya de los salarios: en Myanmar pagan unos 4-5 euros al día por trabajador, y aquí nosotros pagamos entre 130 y 140 euros, con seguridad social y todo lo demás.
¿Y el relevo generacional? ¿Hay jóvenes que quieran seguir cultivando arroz?
Ese es otro problema muy acuciante: la gente joven no quiere ir al campo, y cada vez la edad media es más alta. La Comunidad Valenciana lidera esa estadística a nivel nacional: creo que la edad media de los agricultores valencianos está en 56 años.
¿La Denominación de Origen es la única garantía?
Ante todo esto, la única salvación real sería que la gente se concienciara para comprar arroz con Denominación de Origen. El arroz D.O. es la única manera de garantizar que ese arroz está cultivado en el entorno del Parque Natural de la Albufera y no es una mezcla con arroz importado.
¿Hasta qué punto está lastrando el precio esa entrada masiva de arroz de importación?
La semana pasada hablé con un productor sevillano y ahora mismo en Sevilla hay almacenados unos 15 millones de kilos de la cosecha del año pasado que la industria no compra a ningún precio. Los molinos no lo compran porque, puesto en el puerto de Valencia, les sale más barato comprar el arroz de fuera. Además, los puertos bonifican para que los barcos compitan entre ellos por atraerlos, y el puerto de Valencia bonifica para que lleguen ahí, así que a los molinos les sale mucho más a cuenta el arroz de importación. Y como tienen arroz acumulado de aquí y de fuera, al final te ponen el precio que quieren: si lo quieres, bien, y si no, directamente no te lo compran.

Y a todo esto se suma, este año, una plaga nueva: el «cucat». ¿En qué consiste?
Sí, y ha sido el remate final de la campaña. El cucat es un insecto, un gusanito que inverna en los campos y que en primavera sale y se reproduce. Para combatirlo existe un sistema de dispositivos, las llamadas «baretes», que instala una empresa a la que la Consellería de agricultura le da la concesión. Pero este año, o los han puesto tarde, o los han puesto mal, o han puesto menos de los que tocaban, y el resultado ha sido una proliferación exagerada del cucat. Es un gusano que se come por dentro la espiga y el tallo, y las deja completamente blancas y fallidas: por dentro no hay arroz. La afección depende de cada campo, no es igual para todos: yo tengo campos con una afección del 60% y otros del 20%. Pero en el total de kilos de la cosecha, eso se va a notar muchísimo. Es la campaña más cara de la historia, con los abonos y el gasóleo por las nubes, y encima con esto.
¿Qué le estáis pidiendo a la Consellería ante esta plaga?
Le hemos pedido que revise el tema, ya que ese tratamiento se gestiona a través de Sanidad Vegetal y es responsabilidad suya. La semana que viene tengo previsto reunirme, junto con algunos técnicos y gente del sector, con la empresa instaladora, para ver qué ha pasado exactamente. Pero para esta campaña ya no hay solución posible: lo que le pedimos a la Consellería es que habilite un fondo específico de compensación para las pérdidas y la merma de kilos que va a generar el cucat, que, según el campo, pueden ir del 20% hasta el 60%.
Más allá de lo económico, ¿qué está en juego si los arroceros acabáis dejando de cultivar?
Si dejamos de hacer arroz los arroceros valencianos, la Albufera se resiente gravísimamente. El parque natural está compuesto en un 70% por arrozales, y el arroz actúa como un filtro verde del agua. Sin arroz sembrado, esos campos quedarían llenos de broza y malas hierbas, lo que generaría plagas de insectos, de serpientes, ratas y garrapatas. De hecho, este año ya se ha reactivado el problema de las garrapatas y el mal de la rata: en ese sentido ya ha habido ocho o nueve casos de personas con fallos multiorgánicos en el hospital La Fe de València por entrar en contacto la piel ( alguna heridas) con el orín de la rata que queda estancada en el agua de los arrozales y que en algunos casos puede llegar a ser mortal. Si desaparecen los arrozales que hacen de filtro verde, sería una muerte prácticamente instantánea para la Albufera.


