David Frá: «El sector del vino debe reinventarse, sin ninguna duda»

PROAVA ha renovado su Junta Directiva dando paso a una nueva etapa, marcada por la pluralidad, la representación territorial y el compromiso con todos los segmentos del sector agroalimentario y vitivinícola de la Comunitat Valenciana. David Frá, socio de Carmelitano, Bodegas y Destilerías (Benicasim), ha sido elegido nuevo presidente de PROAVA y sustituye en el cargo a Lluís Eduard Romero, que lo ostentaba desde 2022.

El resto de la junta está conformada por: vicepresidente, José Adrián López, de Lopetes SL (Xixona), secretaria, Ana Calvet, de Baronía de Turís (Turís), tesorero, Guillermo Antelo Miguel, de Naranjas Ché, (Canet d’en Berenguer) y los vocales; Lluís Eduard Romero, Vicente Faro (CAECV), Santiago Manuel Limiñana, de Limiñana y Botella, SL, (Monforte del Cid), Mª Dolores Ferrando, de Olioli Biodinámico SL (Requena), Paula Rincón de Arellano, de Serranía Vins, SL (Baldovar), Mireia Vera, de Bodegas del Valle (Requena) y Daniel Belda, de Bodega Daniel Belda (Fontanars dels Alforins).

Tras su acceso al cargo, Frá conversa con el Almanaque Gastronómico sobre los retos que se afrontan para los próximos años.

¿Cómo ha evolucionado PROAVA en los últimos años en su opinión?

PROAVA ha evolucionado de forma muy positiva en los últimos años, manteniendo una línea de crecimiento constante y coherente. Lo más destacable no es solo que la asociación haya ganado presencia, socios o actividad, sino que lo ha hecho elevando también la calidad de su programación y de los servicios que ofrece. Hoy es una entidad más visible, más conectada con el sector y con mayor capacidad para generar oportunidades. Ha reforzado la formación, la promoción, las relaciones comerciales y la defensa del producto agroalimentario valenciano. Ese equilibrio entre crecimiento y calidad es, en mi opinión, una de sus principales fortalezas.

¿El producto de proximidad sigue estando valorado tras la pandemia o ha caído su consumo debido a circunstancias como las guerras o el incremento de precios?

El producto de proximidad sigue estando muy valorado y, de hecho, ha ganado relevancia en los últimos años. Cada vez hay más consumidores que prestan atención al origen, a la trazabilidad, a la sostenibilidad y al impacto que tiene su compra en la economía local. La pandemia puso de manifiesto la importancia de contar con productores cercanos y con canales de distribución sólidos en el territorio. También situaciones complejas, como episodios climáticos extremos o la inestabilidad internacional, han demostrado la resiliencia del producto de proximidad. En ese sentido, el pequeño comercio, los mercados locales y la relación directa con el productor han sido fundamentales para mantener vivo ese vínculo con el consumidor. Ahora bien, esa fortaleza convive con un contexto económico complicado. El aumento de costes, la dependencia de determinados insumos, la energía, los fertilizantes o la volatilidad de los precios internacionales afectan directamente a la rentabilidad de muchas explotaciones y empresas. Por eso es tan importante seguir defendiendo el valor real del producto local y evitar que el precio sea el único criterio de compra.

¿Cuál es el papel que puede jugar PROAVA en el hecho de poder sostener precios justos para los productores?

Puede desempeñar un papel muy importante favoreciendo circuitos más cortos, una mayor visibilidad del productor y una relación más directa entre quien produce y quien consume. Los precios justos se sostienen mejor cuando el consumidor conoce el origen del producto, entiende el trabajo que hay detrás y percibe su valor diferencial. Nuestra labor pasa por promover el producto agroalimentario valenciano, generar espacios de encuentro, facilitar oportunidades comerciales y defender prácticas que preserven la rentabilidad en origen. PROAVA no fija precios, pero sí puede contribuir a crear un entorno donde el productor tenga más herramientas, más visibilidad y más capacidad para trasladar al mercado el verdadero valor de su trabajo.

 

¿Puede el sector del vino remontar ante el menor consumo de las nuevas generaciones o debe reinventarse?

El sector del vino debe reinventarse, sin ninguna duda. Y, de hecho, ya ha empezado a hacerlo, aunque probablemente durante demasiado tiempo ha sido un sector excesivamente inmovilista. Quizás nos hemos apoyado demasiado en la tradición, en los formatos habituales y en una forma de comunicar que funcionaba muy bien para generaciones anteriores, pero que hoy no siempre conecta con los nuevos consumidores. No se trata de renunciar a la esencia del vino ni a todo lo que representa: territorio, cultura, paisaje, gastronomía y saber hacer. Al contrario, se trata de preservar esa esencia siendo capaces de adaptarla a los nuevos tiempos. Los hábitos de consumo han cambiado mucho, especialmente entre los públicos más jóvenes, pero también han cambiado los gustos y los paladares. Hoy se buscan productos más frescos, más ligeros, más fáciles de entender, con menor graduación en algunos casos, y asociados a momentos de consumo más informales, más sociales y más versátiles. El consumidor actual no se acerca al vino necesariamente de la misma manera que lo hacían generaciones anteriores. Por eso el sector debe escuchar más, observar mejor y ser más valiente. Hay que ofrecer vinos que respondan a los nuevos gustos sin perder identidad; comunicar de forma más directa y menos encorsetada; y abrir el vino a nuevos momentos, nuevos formatos y nuevos canales.
En esa línea, cada vez vemos más bodegas apostando por vinos desalcoholizados, vinos de menor graduación, propuestas más frescas, bebidas polivalentes y formatos innovadores como latas, medias botellas o envases pensados para consumos más ocasionales y prácticos. Todo ello no debe verse como una amenaza al vino tradicional, sino como una oportunidad para ampliar públicos y recuperar espacios de consumo.

Estoy especialmente convencido de que una de las grandes novedades que veremos consolidarse en breve será el desarrollo del vino en barril con sistema interior tipo Bag-in-Box, tanto para vinos tranquilos como para espumosos. No lo planteo como una posibilidad lejana, sino como una evolución lógica y necesaria para muchos canales de consumo, especialmente en hostelería.
Este formato no pretende sustituir a los grandes vinos de guarda ni a aquellos que necesitan evolución en botella, sino dar respuesta a una necesidad muy concreta: que el vino por copas, los vinos jóvenes que no requieren crianza prolongada, los vinos con poca barrica, los espumosos frescos y, en general, los vinos de alta rotación en hostelería estén siempre en condiciones óptimas de servicio. El barril con Bag-in-Box interior puede aportar grandes ventajas en conservación, regularidad, servicio por copas, reducción de mermas, eficiencia logística y mantenimiento de la calidad del producto una vez abierto. El hostelero lo va a agradecer porque le facilita el servicio, mejora la rentabilidad y reduce pérdidas; y el cliente también, porque recibirá siempre una copa en perfecto estado.

¿Qué supone ser una junta tan plural en productos y territorios?

Una junta plural es una fortaleza, porque PROAVA representa precisamente una realidad muy diversa: distintos productos, territorios, sensibilidades y modelos de empresa. Esa diversidad debe estar reflejada en sus órganos de gobierno.
Contar con una representación amplia nos permite tener una visión más completa del sector, detectar mejor sus necesidades y llegar a más productores y comarcas. También aporta capilaridad, fortalece la voz colectiva de la asociación y ayuda a defender intereses comunes desde una mirada más integradora. Creo que quienes formamos parte de la Junta compartimos un mismo compromiso: seguir impulsando el crecimiento de PROAVA y reforzar su papel como punto de encuentro del producto. agroalimentario valenciano de calidad.

¿Cuál es el primer objetivo como presidente?

El primer objetivo es seguir profesionalizando la gestión de PROAVA, reforzando su capacidad operativa y adaptando la estructura interna a las necesidades actuales de transparencia, gobernanza, sostenibilidad y eficiencia. Pero me gustaría subrayar que este mandato no parte de cero. Tiene una clara vocación de continuidad con la filosofía de nuestro añorado expresidente, Félix Cuartero, que fue quien me incorporó a la Junta Directiva hace casi nueve años. Félix impulsó una visión estratégica para PROAVA basada en el crecimiento, la defensa del producto valenciano, la profesionalización y la apertura de nuevas oportunidades para nuestros asociados. Mi responsabilidad ahora es cumplir, desarrollar y adaptar ese plan estratégico a los nuevos tiempos que estamos viviendo. El contexto ha cambiado, los retos son distintos y las exigencias también, pero la filosofía de fondo sigue plenamente vigente. Junto a esa profesionalización, queremos mejorar la calidad de los proyectos, optimizar la gestión de los recursos, fortalecer los servicios a los asociados y dar mayor visibilidad al Celler de PROAVA como espacio de referencia para la promoción, la formación y la puesta en valor de nuestros productos.

¿Es posible mantener el auge de los últimos años si se producen barreras a la exportación como aranceles o problemas de distribución?

El sector ha demostrado una gran capacidad de adaptación y una creciente presencia en mercados exteriores. Las exportaciones vitivinícolas de la Comunitat Valenciana han tenido una evolución positiva en los últimos años, tanto en valor como en volumen, y eso demuestra que existe producto, calidad y competitividad. Es evidente que posibles barreras como aranceles, tensiones geopolíticas o problemas de distribución pueden afectar al sector. Son factores externos que generan incertidumbre y que obligan a estar muy atentos. Pero también es cierto que la diversificación de destinos, la mejora de la conectividad logística y la capacidad de muchas bodegas para abrir nuevos mercados ofrecen una base sólida para afrontar esos escenarios. La clave está en no depender de un único mercado, reforzar la promoción, apostar por la calidad y seguir trabajando la diferenciación. En un contexto global complejo, el origen, la identidad y la capacidad de adaptación son más importantes que nunca.

¿Cuál es el diagnóstico actual del sector agroalimentario y vitivinícola en la Comunidad Valenciana?

El sector agroalimentario y vitivinícola valenciano tiene un enorme potencial, pero también se enfrenta a retos estructurales importantes. Uno de los principales es el reducido tamaño medio de muchos proyectos. Hablamos en gran medida de microempresas, pequeñas bodegas, productores familiares y empresas con recursos limitados que, sin embargo, deben hacer frente a exigencias administrativas, normativas y comerciales cada vez más complejas. Esa carga operativa consume tiempo, recursos y energía que muchas veces deberían destinarse a crecer, innovar, vender mejor o abrir nuevos mercados. Por eso entidades como PROAVA son tan necesarias. Una asociación puede prestar servicios compartidos, facilitar trámites, generar sinergias, abrir canales de promoción y crear una red de colaboración.

¡Compartir es vivir!

PROAVA ha renovado su Junta Directiva dando paso a una nueva etapa, marcada por la pluralidad, la representación territorial y el compromiso con todos los segmentos del sector agroalimentario y vitivinícola de la Comunitat Valenciana. David Frá, socio de Carmelitano, Bodegas y Destilerías (Benicasim), ha sido elegido nuevo presidente de PROAVA y sustituye en el cargo a Lluís Eduard Romero, que lo ostentaba desde 2022.

El resto de la junta está conformada por: vicepresidente, José Adrián López, de Lopetes SL (Xixona), secretaria, Ana Calvet, de Baronía de Turís (Turís), tesorero, Guillermo Antelo Miguel, de Naranjas Ché, (Canet d’en Berenguer) y los vocales; Lluís Eduard Romero, Vicente Faro (CAECV), Santiago Manuel Limiñana, de Limiñana y Botella, SL, (Monforte del Cid), Mª Dolores Ferrando, de Olioli Biodinámico SL (Requena), Paula Rincón de Arellano, de Serranía Vins, SL (Baldovar), Mireia Vera, de Bodegas del Valle (Requena) y Daniel Belda, de Bodega Daniel Belda (Fontanars dels Alforins).

Tras su acceso al cargo, Frá conversa con el Almanaque Gastronómico sobre los retos que se afrontan para los próximos años.

¿Cómo ha evolucionado PROAVA en los últimos años en su opinión?

PROAVA ha evolucionado de forma muy positiva en los últimos años, manteniendo una línea de crecimiento constante y coherente. Lo más destacable no es solo que la asociación haya ganado presencia, socios o actividad, sino que lo ha hecho elevando también la calidad de su programación y de los servicios que ofrece. Hoy es una entidad más visible, más conectada con el sector y con mayor capacidad para generar oportunidades. Ha reforzado la formación, la promoción, las relaciones comerciales y la defensa del producto agroalimentario valenciano. Ese equilibrio entre crecimiento y calidad es, en mi opinión, una de sus principales fortalezas.

¿El producto de proximidad sigue estando valorado tras la pandemia o ha caído su consumo debido a circunstancias como las guerras o el incremento de precios?

El producto de proximidad sigue estando muy valorado y, de hecho, ha ganado relevancia en los últimos años. Cada vez hay más consumidores que prestan atención al origen, a la trazabilidad, a la sostenibilidad y al impacto que tiene su compra en la economía local. La pandemia puso de manifiesto la importancia de contar con productores cercanos y con canales de distribución sólidos en el territorio. También situaciones complejas, como episodios climáticos extremos o la inestabilidad internacional, han demostrado la resiliencia del producto de proximidad. En ese sentido, el pequeño comercio, los mercados locales y la relación directa con el productor han sido fundamentales para mantener vivo ese vínculo con el consumidor. Ahora bien, esa fortaleza convive con un contexto económico complicado. El aumento de costes, la dependencia de determinados insumos, la energía, los fertilizantes o la volatilidad de los precios internacionales afectan directamente a la rentabilidad de muchas explotaciones y empresas. Por eso es tan importante seguir defendiendo el valor real del producto local y evitar que el precio sea el único criterio de compra.

¿Cuál es el papel que puede jugar PROAVA en el hecho de poder sostener precios justos para los productores?

Puede desempeñar un papel muy importante favoreciendo circuitos más cortos, una mayor visibilidad del productor y una relación más directa entre quien produce y quien consume. Los precios justos se sostienen mejor cuando el consumidor conoce el origen del producto, entiende el trabajo que hay detrás y percibe su valor diferencial. Nuestra labor pasa por promover el producto agroalimentario valenciano, generar espacios de encuentro, facilitar oportunidades comerciales y defender prácticas que preserven la rentabilidad en origen. PROAVA no fija precios, pero sí puede contribuir a crear un entorno donde el productor tenga más herramientas, más visibilidad y más capacidad para trasladar al mercado el verdadero valor de su trabajo.

 

¿Puede el sector del vino remontar ante el menor consumo de las nuevas generaciones o debe reinventarse?

El sector del vino debe reinventarse, sin ninguna duda. Y, de hecho, ya ha empezado a hacerlo, aunque probablemente durante demasiado tiempo ha sido un sector excesivamente inmovilista. Quizás nos hemos apoyado demasiado en la tradición, en los formatos habituales y en una forma de comunicar que funcionaba muy bien para generaciones anteriores, pero que hoy no siempre conecta con los nuevos consumidores. No se trata de renunciar a la esencia del vino ni a todo lo que representa: territorio, cultura, paisaje, gastronomía y saber hacer. Al contrario, se trata de preservar esa esencia siendo capaces de adaptarla a los nuevos tiempos. Los hábitos de consumo han cambiado mucho, especialmente entre los públicos más jóvenes, pero también han cambiado los gustos y los paladares. Hoy se buscan productos más frescos, más ligeros, más fáciles de entender, con menor graduación en algunos casos, y asociados a momentos de consumo más informales, más sociales y más versátiles. El consumidor actual no se acerca al vino necesariamente de la misma manera que lo hacían generaciones anteriores. Por eso el sector debe escuchar más, observar mejor y ser más valiente. Hay que ofrecer vinos que respondan a los nuevos gustos sin perder identidad; comunicar de forma más directa y menos encorsetada; y abrir el vino a nuevos momentos, nuevos formatos y nuevos canales.
En esa línea, cada vez vemos más bodegas apostando por vinos desalcoholizados, vinos de menor graduación, propuestas más frescas, bebidas polivalentes y formatos innovadores como latas, medias botellas o envases pensados para consumos más ocasionales y prácticos. Todo ello no debe verse como una amenaza al vino tradicional, sino como una oportunidad para ampliar públicos y recuperar espacios de consumo.

Estoy especialmente convencido de que una de las grandes novedades que veremos consolidarse en breve será el desarrollo del vino en barril con sistema interior tipo Bag-in-Box, tanto para vinos tranquilos como para espumosos. No lo planteo como una posibilidad lejana, sino como una evolución lógica y necesaria para muchos canales de consumo, especialmente en hostelería.
Este formato no pretende sustituir a los grandes vinos de guarda ni a aquellos que necesitan evolución en botella, sino dar respuesta a una necesidad muy concreta: que el vino por copas, los vinos jóvenes que no requieren crianza prolongada, los vinos con poca barrica, los espumosos frescos y, en general, los vinos de alta rotación en hostelería estén siempre en condiciones óptimas de servicio. El barril con Bag-in-Box interior puede aportar grandes ventajas en conservación, regularidad, servicio por copas, reducción de mermas, eficiencia logística y mantenimiento de la calidad del producto una vez abierto. El hostelero lo va a agradecer porque le facilita el servicio, mejora la rentabilidad y reduce pérdidas; y el cliente también, porque recibirá siempre una copa en perfecto estado.

¿Qué supone ser una junta tan plural en productos y territorios?

Una junta plural es una fortaleza, porque PROAVA representa precisamente una realidad muy diversa: distintos productos, territorios, sensibilidades y modelos de empresa. Esa diversidad debe estar reflejada en sus órganos de gobierno.
Contar con una representación amplia nos permite tener una visión más completa del sector, detectar mejor sus necesidades y llegar a más productores y comarcas. También aporta capilaridad, fortalece la voz colectiva de la asociación y ayuda a defender intereses comunes desde una mirada más integradora. Creo que quienes formamos parte de la Junta compartimos un mismo compromiso: seguir impulsando el crecimiento de PROAVA y reforzar su papel como punto de encuentro del producto. agroalimentario valenciano de calidad.

¿Cuál es el primer objetivo como presidente?

El primer objetivo es seguir profesionalizando la gestión de PROAVA, reforzando su capacidad operativa y adaptando la estructura interna a las necesidades actuales de transparencia, gobernanza, sostenibilidad y eficiencia. Pero me gustaría subrayar que este mandato no parte de cero. Tiene una clara vocación de continuidad con la filosofía de nuestro añorado expresidente, Félix Cuartero, que fue quien me incorporó a la Junta Directiva hace casi nueve años. Félix impulsó una visión estratégica para PROAVA basada en el crecimiento, la defensa del producto valenciano, la profesionalización y la apertura de nuevas oportunidades para nuestros asociados. Mi responsabilidad ahora es cumplir, desarrollar y adaptar ese plan estratégico a los nuevos tiempos que estamos viviendo. El contexto ha cambiado, los retos son distintos y las exigencias también, pero la filosofía de fondo sigue plenamente vigente. Junto a esa profesionalización, queremos mejorar la calidad de los proyectos, optimizar la gestión de los recursos, fortalecer los servicios a los asociados y dar mayor visibilidad al Celler de PROAVA como espacio de referencia para la promoción, la formación y la puesta en valor de nuestros productos.

¿Es posible mantener el auge de los últimos años si se producen barreras a la exportación como aranceles o problemas de distribución?

El sector ha demostrado una gran capacidad de adaptación y una creciente presencia en mercados exteriores. Las exportaciones vitivinícolas de la Comunitat Valenciana han tenido una evolución positiva en los últimos años, tanto en valor como en volumen, y eso demuestra que existe producto, calidad y competitividad. Es evidente que posibles barreras como aranceles, tensiones geopolíticas o problemas de distribución pueden afectar al sector. Son factores externos que generan incertidumbre y que obligan a estar muy atentos. Pero también es cierto que la diversificación de destinos, la mejora de la conectividad logística y la capacidad de muchas bodegas para abrir nuevos mercados ofrecen una base sólida para afrontar esos escenarios. La clave está en no depender de un único mercado, reforzar la promoción, apostar por la calidad y seguir trabajando la diferenciación. En un contexto global complejo, el origen, la identidad y la capacidad de adaptación son más importantes que nunca.

¿Cuál es el diagnóstico actual del sector agroalimentario y vitivinícola en la Comunidad Valenciana?

El sector agroalimentario y vitivinícola valenciano tiene un enorme potencial, pero también se enfrenta a retos estructurales importantes. Uno de los principales es el reducido tamaño medio de muchos proyectos. Hablamos en gran medida de microempresas, pequeñas bodegas, productores familiares y empresas con recursos limitados que, sin embargo, deben hacer frente a exigencias administrativas, normativas y comerciales cada vez más complejas. Esa carga operativa consume tiempo, recursos y energía que muchas veces deberían destinarse a crecer, innovar, vender mejor o abrir nuevos mercados. Por eso entidades como PROAVA son tan necesarias. Una asociación puede prestar servicios compartidos, facilitar trámites, generar sinergias, abrir canales de promoción y crear una red de colaboración.

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