Sequer A Fuego Lento, de Alboraya

  • Alboraya

  • Camí Fondo 23

  • 610 110 117

  • Abre de lunes a domingo de 9 a 16 horas.

  • Precio sin bebida 35 euros

Comer sencillo vale la pena

David Blay

A veces nos quejamos de que no hay sitios como los de antes. Ni por oferta ni por precio. Pero seguramente nos hemos dejado llevar por el hype de nuevas aperturas o por conceptos cada vez más corales. Sin embargo, sigue habiendo gente que, con cierta ayuda, decide jugársela cuando se le presenta una oportunidad. Y abre el abanico para que muchas personas disfruten esa elección.

Pierpaolo Ricciardo, criado en los fuegos de Casa Carmela, puede ya ser considerado un empresario gastronómico. Porque a la arrocería A Fuego Lento ya sumaba la pizzería del mismo nombre y la Bodega La Antigua, todo en torno al Cabanyal. Pero hace un año saltó del mar para instalarse en la huerta.

No hay quien no coincida en que Sequer Lo Blanch, en pleno campo de Alboraya, ha sido siempre una joya. Pero, seguramente, demasiado alejada de las grandes concentraciones como para poder erigirse en un verdadero lugar de peregrinación. Pero es ahora cuando, con una oferta real de arroces a leña, productos propios cultivados de manera autóctona y precios aterrizados, parece que por fin ha comenzado a despegar.

El espacio, además, invita a cambiar de perspectiva en cada visita. Desde la terraza sombreada al comedor principal pasando por uno de los reservados con mayor dimensión del contorno de la ciudad. Si bien quien lo visite no debe esperar sofisticación extrema en la decoración, aunque sí una buena coreografía de sala que cada vez es más complicado poder encontrar.

No es éste el lugar para hablar de almuerzos, pero sería injusto no reseñar que están disponibles todos los días, que son a la brasa y pantagruélicos. De hecho, es por ahí por donde muchos de los comensales no habituales han descubierto el resto de la carta.

Y esta es lo suficientemente sencilla como para ser disfrutable pero también lo variada que debe ser para quien aspira a vivir una jornada donde lo típico y una ligera innovación se encuentren. Los entrantes, fríos y calientes, transitan desde el tomate de su propia huerta a la titaina a la brasa o la sepia bruta de playa.


Hay carnes, sí. Pocas. Dos concretamente. Y no trabajan pescado. Entre otras cosas, porque su fuerte son los arroces y las fideuàs. De hecho, de las tres páginas de la carta, una entera es para estas elaboraciones, que se atisban además en una cocina abierta donde es innegable que quien las prepara suda de lo lindo con la leña encendida desde por la mañana.

Con opción de pedir seco, meloso o caldoso y variaciones que pueden introducirse incluso fuera de las propuestas tipografiadas, nos encontramos ante una de las ofertas más auténticas del último año. A la que hay que ir, por cierto, consciente de estar en plena naturaleza, con toda la fauna que eso implica mientras se disfruta de un domingo clásico en familia.

¡Compartir es vivir!

  • Alboraya

  • Camí Fondo 23

  • 610 110 117

  • Abre de lunes a domingo de 9 a 16 horas.

  • Precio sin bebida 35 euros

Comer sencillo vale la pena

David Blay

A veces nos quejamos de que no hay sitios como los de antes. Ni por oferta ni por precio. Pero seguramente nos hemos dejado llevar por el hype de nuevas aperturas o por conceptos cada vez más corales. Sin embargo, sigue habiendo gente que, con cierta ayuda, decide jugársela cuando se le presenta una oportunidad. Y abre el abanico para que muchas personas disfruten esa elección.

Pierpaolo Ricciardo, criado en los fuegos de Casa Carmela, puede ya ser considerado un empresario gastronómico. Porque a la arrocería A Fuego Lento ya sumaba la pizzería del mismo nombre y la Bodega La Antigua, todo en torno al Cabanyal. Pero hace un año saltó del mar para instalarse en la huerta.

No hay quien no coincida en que Sequer Lo Blanch, en pleno campo de Alboraya, ha sido siempre una joya. Pero, seguramente, demasiado alejada de las grandes concentraciones como para poder erigirse en un verdadero lugar de peregrinación. Pero es ahora cuando, con una oferta real de arroces a leña, productos propios cultivados de manera autóctona y precios aterrizados, parece que por fin ha comenzado a despegar.

El espacio, además, invita a cambiar de perspectiva en cada visita. Desde la terraza sombreada al comedor principal pasando por uno de los reservados con mayor dimensión del contorno de la ciudad. Si bien quien lo visite no debe esperar sofisticación extrema en la decoración, aunque sí una buena coreografía de sala que cada vez es más complicado poder encontrar.

No es éste el lugar para hablar de almuerzos, pero sería injusto no reseñar que están disponibles todos los días, que son a la brasa y pantagruélicos. De hecho, es por ahí por donde muchos de los comensales no habituales han descubierto el resto de la carta.

Y esta es lo suficientemente sencilla como para ser disfrutable pero también lo variada que debe ser para quien aspira a vivir una jornada donde lo típico y una ligera innovación se encuentren. Los entrantes, fríos y calientes, transitan desde el tomate de su propia huerta a la titaina a la brasa o la sepia bruta de playa.


Hay carnes, sí. Pocas. Dos concretamente. Y no trabajan pescado. Entre otras cosas, porque su fuerte son los arroces y las fideuàs. De hecho, de las tres páginas de la carta, una entera es para estas elaboraciones, que se atisban además en una cocina abierta donde es innegable que quien las prepara suda de lo lindo con la leña encendida desde por la mañana.

Con opción de pedir seco, meloso o caldoso y variaciones que pueden introducirse incluso fuera de las propuestas tipografiadas, nos encontramos ante una de las ofertas más auténticas del último año. A la que hay que ir, por cierto, consciente de estar en plena naturaleza, con toda la fauna que eso implica mientras se disfruta de un domingo clásico en familia.

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